
Sábado 7 noviembre 2009
Queridos Franciscanos de María, hay palabras de Cristo que han sido tan manipuladas que han llegado a interpretarse justo en el sentido contrario de
aquel que el Señor quiso darle cuando las pronunció. Este es el caso del
mensaje que Jesús transmitió a sus apóstoles cuando vieron a la viuda echar
en el cepillo del Templo de Jerusalén lo poco que tenía; el Señor la puso
como modelo de generosidad, por encima de aquellos que hacían donativos más
cuantiosos pero menos sacrificados. Sin embargo, la interpretación que no
pocos, en la práctica, dan a este pasaje evangélico es la contraria: basta
con dar poco a la Iglesia, pues Jesús aplaudió incluso a la mujer que echaba
una limosna pequeña. Así, al menos, se comportan buena parte de los
católicos españoles, incluidos muchos de los que van a misa con regularidad.
No creo que haya sido siempre así, a juzgar por los magníficos templos que
hay incluso en los pueblos más pequeños y que fueron construidos en otras
épocas donde no creo que hubiera más riqueza que ahora pero sí más fe y más
generosidad. En cambio, en este momento, lo que prima entre los católicos es
el consumismo y, claro, eso deja poco margen para la generosidad. En honor a
la verdad, somos más solidarios que la media, pero aún así no lo somos lo
suficiente. Es un hecho comprado reiteradamente que cuando un católicos se
hace protestante, no duda en dar el diezmo a la nueva comunidad en la que se
ha insertado, mientras que a la Iglesia le daba el mínimo o no le daba nada;
quizá sea porque esas comunidades les dan más motivaciones para la
generosidad o porque su fe está más fuerte que cuando era católico, pero el
caso es que su desprendimiento es mucho mayor.
Nosotros tenemos que plantearnos, pues, qué es lo que damos y por qué lo
damos. Si somos conscientes de la deuda de agradecimiento que tenemos
contraída con Cristo, no dudaremos en hacer lo que la viuda del Evangelio:
dar no de lo que nos sobra sino incluso de lo necesario, dar en función de
la necesidad del otro. Para hacerlo es imprescindible profundizar en los
motivos de agradecimiento para con Dios y, a la vez, ahorrar de otras partes
para poder socorrer a quien lo necesita. El agradecimiento como motivación y
la austeridad como estilo de vida nos conducirán a la generosidad, a
preguntarnos todos los días si hemos hecho el bien posible o si,
simplemente, nos hemos conformado con no hacer el mal. Y esto, para un
cristiano, es claramente insuficiente.
El tema de formación de esta semana, siempre mirando a María como modelo de
esperanza, nos lleva a reforzar la certeza de que la vida eterna existe, que
la muerte no es el final de la vida y que, por lo tanto, los que nos han
precedido siguen vivos aunque ahora no estén con nosotros. Démosle gracias a
Dios por esa esperanza y porque es su sangre redentora y no nuestros méritos
quien nos ha abierto la posibilidad de ir al cielo.
Esta semana y la que viene estaré de nuevo en América. Primero será Ecuador
y luego Costa Rica y Panamá. Os pido oraciones para que en estos tres países
siga progresando y afianzándose la misión del agradecimiento.
Que Dios os bendiga.
P.Santiago








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